Las alfombras

En el altiplano sudamericano, a entre 3000 y 5000 metros de altura, anochece con una luz espectacular y un viento helado se cuela hasta el interior de las casas.

Para cobijarse del frío, las familias andinas desde que lo recuerdan se cubren con coloridas, cálidas y pesadas frazadas de lana. Son las que hoy llamamos “alfombras étnicas”.

alfombras étnicas desde lo alto de los Andes

Entramos en la casa de una familia aymara. Una vivienda hecha de adobe que durante el día abre las puertas para aprovechar el calor y los cierra en cuanto se oculta el sol. Hay un guiso en la olla, los mayores charlan, los niños juegan y, sentada en el suelo, una señora enseña a su nieto a tejer estas frazadas que generación tras generación han arropado a la familia.

niño aymara

Estas frazadas son icono de la cultura Aymara y se tejen en telares de madera, en un extremo atado a un palo y en el otro a la cintura del tejedor. Con la paciencia y la habilidad que dan los años, durante tres semanas se van trenzando las lanas y con un hueso de alpaca, de tamaño similar a un peine, se van haciendo los símbolos y dibujos, muchas veces improvisándolos. “Y es que no hay dos frazadas iguales, cada una tiene una historia”, le explica la señora a su nieto.

alfombrasetnicas tejidas telares de madera

Las casa donde viven tienen estancias pequeñas. Por este motivo las frazadas se tejen en dos piezas alargadas, independientes y generalmente iguales y se unen por el centro. Unas veces con juntas más discretas y otras con espectaculares bordados.

El nieto, que algún día tejerá su propia frazada, sabe de dónde procede la lana. Él mismo ha jugado con los corderos que cuida su familia y en casa siempre hay alguien hilando lana,  mientras cocinan, mientras charlan, e incluso mientras recogen la casa.

hilar lana

También ha visto a su madre  teñir la lana con hierbas y otros pigmentos naturales de la zona. Predominan los tonos rojizos (rosas, naranjas, morados…) que extraen de la cochinillas, un insecto que vive en las pencas de las tunas, unos cactus que se dan muy bien en lo alto de los andes.

las tenidas

La señora ha terminado de tejer la frazada, una frazada que podrá intercambiar en el mercado local por otros productos que necesite o vender para que sus colores llenen de vida un hogar que está a miles de kilómetros, en una ciudad cuyo nombre jamás ha oído. Sonríe cuando le decimos que felices nos la llevaremos a España, donde valorarán su trabajo, admirarán su destreza, y disfrutarán de su exquisito gusto para combinar los colores .